EL VAR EN TIEMPOS DE CÓLERA

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La utilización de la tecnología dentro del fútbol ha sido tema de debate a lo largo de muchísimos años. Hoy lo sigue siendo.
Los avances que ha habido en dicha materia para diversos deportes como el tenis ó handball, iniciados por el rugby, obligaron a la rápida implementación del “video assistant refere”, conocido como VAR. Mediante su implementación, un grupo de jueces (los mismos que dirigen distintos partidos) siguen desde una cabina especial el encuentro para el que fueron designados con diversas cámaras desde ángulos distintos. Su tarea es advertir situaciones que pueda no haber visualizado el juez ó bien revisar fallos.
Según la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA), “el árbitro informa a los asistentes de vídeo, o los asistentes de vídeo recomiendan al árbitro que se revise una decisión o incidencia”.
Luego, “Los asistentes de vídeo examinan las imágenes grabadas e informan al árbitro mediante un sistema de audio de lo que están viendo en pantalla”. Como tercer y último paso, llega el momento cúlmine: “El árbitro toma la decisión o actúa adecuadamente tras ver el vídeo en el lateral del campo o basándose en la información que le han comunicado los asistentes de vídeo”.
La FIFA habilita el uso del VAR en “tres casos que pueden modificar radicalmente el curso de un encuentro, además de si se confunde la identidad de un jugador” y remarca que “son las acciones que forman parte de las pruebas actuales”.
GOLES
La función de los asistentes de vídeo es ayudar al árbitro a determinar si se ha producido alguna infracción que impida conceder un gol. Una vez que el balón ha cruzado la línea de meta, el juego ya se ha interrumpido, por lo que el ritmo del partido no se ve afectado.
PENALES
Los asistentes de vídeo evitan decisiones erróneas relativas a la concesión (o no) de un penalti.
TARJETAS ROJAS
Los asistentes de vídeo evitan decisiones erróneas relativas a la expulsión de un jugador.
CONFUSIÓN DE IDENTIDAD
Si un árbitro no amonesta o expulsa al jugador que debe, o no está claro qué jugador ha cometido una infracción, los asistentes de vídeo pueden informar al árbitro para que este sancione al jugador pertinente.
Hasta acá, y si no lo enmarcásemos en contextos distintos y culturas diferentes, propias de cada país ó deporte, el VAR aparecería como brillante solución. Pero no. Hasta acá, es más de lo mismo.
La final de la Recopa Sudamericana no fue la excepción, y nuevamente la aplicación de esta herramienta en cuestión desató la polémica.
Mientras, seguramente, nos seguimos preguntando, por ejemplo, si la decisión de Enrique Cáceres, árbitro principal de la revancha entre Gremio e Independiente, hubiese sido expulsar a Fernando Amorebieta de no estar en Porto Alegre. Así, el VAR no tiene sentido. Aun se habla del partido entre Lanús y River, de un penal no sancionado y la misma cuestión girando en torno: “Iba 2 a 0”; “Si estaba 0 a 0 lo cobraba”, “No se quiso complicar”.
Las sospechas que generaron los medios y comunicadores recaen sobre las personas, su honestidad. Por ende, también recae sobre el VAR.

El medio se terminó excediendo con la instalación de complots y el acento sobre las sospechas. Claro, desde FIFA, Conmebol y AFA tampoco hicieron mucho para evitarlo, ni siquiera por cuidar las formas. Históricamente se ha hablado de designaciones por conveniencia, arbitrajes localistas, sanciones dispares, etc.
Queda claro que hay errores, también que, seguramente, te dan y te quitan en proporciones similares pero llegamos a un punto del que no hay retorno: interpretamos interpretaciones, lo que se torna un arma de doble filo, difícil de manejar y que puede terminar con el fin de la utilización de la razón y la argumentación.
Los ejemplos sobran. Sin ir más lejos, en la misma jugada en la que expulsan a Fernando Amorebieta luego de revisar las imágenes, se reanuda el juego con una infracción a favor de Gremio cuando segundos antes el jugador agredido está en clara posición adelantada, observada por los tres árbitros desde la cabina y avalada por el juez principal. La utilización discrecional del VAR echa por tierra con la idea original de darle justicia al juego y evitar el error evitable. Recordemos que en el debut del VAR en el Mundial de Clubes 2016 con un penal contra Atlético Nacional sobre un jugador que estaba en posición adelantada. En esa jugada hubiese correspondido una sanción disciplinaria (amarilla por caso y una técnica (tiro libre indirecto a favor del equipo colombiano).

Volviendo al contexto y la coyuntura. En nuestro país, para no irnos lejos, si un juez de línea levanta la bandera equivocado y esa acción termina en gol, creemos que el asistente buscó favorecer o perjudicar a uno de los equipos. No nos planteamos, siquiera, la posibilidad de que se haya equivocado, tenido un mal día, estuviera mal posicionado u otro tipo de impedimento.
El VAR luce como una herramienta útil pero con cuestiones para pulir antes de “quemarlo”. En principio, la implementación del “gol no gol” tuvo casi una aceptación total, tiene que seguir por ese camino. Pero lo principal a modificar es lo cultural, la creencia generalizada. Debe haber reglas claras y se deben respetar. Un agarrón en mitad de cancha ó en el área es infracción. Contra Boca, River, Atlas, Yupanqui… A los 35 minutos del segudno tiempo ó a los diez segundos de una final del mundo.
Nos hemos cansado de escuchar enunciados sobre “las pulsaciones del momento”, “el manejo” de tal juez, “la muñeca” y demás excusas “folclóricas”.
Por otra parte, aún debe encontrársele un marco de implementación que bien podría ser similar al de otros deportes con un límite de solicitudes por equipo.
No pretendamos usar el VAR para cambiar el sistema. Mejoremos el contexto para que en un futuro el VAR sea una herramienta que ayude y no que le agregue más sospechas al arbitraje. Allí, son vitales dirigentes, DT’s, jugadores y periodismo.
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