HEGEMONÍA, DINERO Y ¿FÚTBOL?

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“El reino de libertad humana ejercida al aire libre”. Así definía Antonio Gramsci al deporte más hermoso y determinante de siempre, creía en el fútbol como un verdadero elemento de transformación, una competición, un movimiento maravilloso regulado por una ley que no está escrita.

Sin embargo, el filósofo y periodista italiano, a lo largo de toda su corta vida, se detiene en el concepto de Hegemonía. Una Hegemonía que bien puede ser cultural y que está directamente relacionada en una lucha constante de interpretaciones y visiones sobre los valores, las creencias y las ideas que tienen los seres humanos en particular y las sociedades en general.

Por otra parte, afirmaba que dicho término es un mecanismo invisible por el cual los interpretes de influencia en la sociedad siempre están ocupadas por miembros de la clase ya gobernante y, en general, con el consentimiento de los subordinados.

Nada es casualidad en este mundo teóricamente globalizado, donde la semana pasada manifestamos la hipótesis del nuevo reordenamiento mundial que se avecina. Es por eso que hay que conocer el pasado para poder comprender el presente. Y en el fútbol, créame, la hegemonía se hace presente en todo el campo de juego.

¿Vuelve el fútbol?

No, no vuelve.

Eduardo López, infectólogo y asesor del gobierno nacional aseguró que «diciembre es un mes de seguridad» para que regrese el fútbol argentino. López (MN 63.586) aceptó «como una chance» que el regreso de la actividad pueda darse «después de septiembre» pero subrayó la condición de que haya «temperaturas que ronden los 27 grados» para que el coronavirus «no tenga capacidad de transmisión».

Si hablamos netamente en términos económicos y trasladándonos al viejo continente, La liga española sufre unos 700 millones de Euros. Tal vez la mayor pérdida surge por los derechos de televisión. Los equipos perderían 550 millones de euros procedentes de ese sector. El resto corresponde a las pérdidas en concepto de abonos mensuales/ anuales y entradas, lo que significaría unos 130 millones.

Por su parte, si bien el fútbol argentino no registrará semejantes perdidas en comparación con el fútbol europeo, no cabe duda alguna que muchos son los que sufrirán la pérdida de ingresos. En primera división existen clubes que tienen un mínimo de 300 empleados formales y en el ascenso nos encontramos con instituciones que tienen entre 15 y 100 trabajadores. Parecen números, pero son personas.

Quizá la solución inmediata sería pedir créditos, pero es sabido que más temprano que tarde eso se transforma en una deuda impagable. Fundamentalmente porque muchos clubes arrastran problemas financieros antes de la existencia del COVID-19.

Insistimos con la idea de dejar atrás viejas categorías que poco sirven para ordenar la nueva era en materia política y mundial que vienen emergiendo. Las ideologías del siglo XIX han muerto de COVID-19. Habrá que forjar un nuevo sentido común que nace del nacionalismo popular criollo que manifestábamos la semana pasada, empoderando el estado y organizando la comunidad.

De esa forma, tal vez, encaminemos hegemónicamente la vuelta de un fútbol que medianamente nos convenza de una vez y para siempre. Aunque no nos estemos refiriendo estrictamente en términos futbolísticos.