“NO SOY ÍDOLO, SOY HINCHA DE MORÓN”

Román Martínez dialogó con Minuto Cero y repasó su carrera. El ex Deportivo Morón, recordó su paso por el Gallo, el sueño de jugar con su hermano y su experiencia en Europa. "

0
64

Román Martínez, ex jugador de Deportivo Morón, actualmente en Aldosivi, dialogó con Minuto Cero a través de instagram. Recordó su breve paso por el club de sus amores, su carrera, el sueño de jugar junto con su hermano, entre otros temas.

Con respecto a como transita la este momento, dijo: “Lo vamos llevando, como lo hace toda la gente. Obviamente todos quieren hacer muchas cosas o está acostumbrado a una vida rutinaria, que hoy quedarse en sus casas pareciera lo peor. Pero está bueno, te lleva a congeniar con uno mismo, a hacer cosas en tu casa, yo en este caso estoy solo, a estar con la familia. Seguramente va a venir bien esta cuarentena”.

En estos tiempos, los futbolistas se entrenan desde sus casas para no poder ritmo, Martínez explica como es su rutina: “Todos estamos en distintas situaciones, hay algunos que tienen un poco de pasto, elementos, que viven en departamentos y no tienen nada. Yo no tengo absolutamente nada, me la rebusco. Trato de hacer ejercicios en los cuales no se requiere tanto elemento, sino trabajar con tu propio peso, un intermitente de veinte segundos, abdominales, zona media y no más que eso. Ahora hicimos una lista de jugadores que vivímos en Mar del Plata y el club nos va a mandar cosas para entrenar”.

“El sueño de jugar juntos con Nicolás en Morón lo pudimos cumplir

Consultado por si en un futuro se ve como DT, respondió: “No pienso en eso, no miro más allá. A veces no se si quiero estar ligado a volver a vivir lo de hoy, pero es mucha más responsabilidad, un técnico no está tres horas y se va a su casa. Un entrenador mira la práctica, analiza, se queda, tiene la siguiente, el rival. Uno que quiere enseñar, labura, lleva un grupo de jugadores, el día a día las caras y donde se juega. Es mucha mas responsabilidad, yo no se si quiero la otra mitad de mi vida con la cabeza en esto”.

El jugador del Tiburón, explicó que cambió en su juego con el correr de los años: «Lo que hacía aquel pibe era gambetear, me gustaba tener la pelota más de un minuto en el pie. Mi paso por España me ayudó a cambiar eso, después de ver ese fútbol aprendí a ser más simple, a jugar a uno o dos toques, romper líneas con un pase, el control. Cuando llegué a España, dije este fútbol no es para mí. Allá el pasto era muy corto, se regaba mucho la cancha, y la pelota iba muy rápido, se me rebota tres metros. Hasta que me acostumbré, hoy prefiero las canchas así».

Continuando con su experiencia en España, donde vistió las camisetas de Espanyol y Tenerife, confesó que le costó la adaptación: «La viví mal. En ese momento estaba con la mamá de mi hijo y éramos chicos, yo tenía 25 y ella 22, extrañabamos un montón. Era la primera vez que uno se alejaba de su familia, me enteré que ella lloraba sola, es una vida distinta. A los seis meses empezaron a caer nuestras familias, para llevar un poco este tema. En marzo, cuando fui a Tenerife, ya estaba solo y no extrañaba tanto».

La relación con su hermano, Nicolás Martínez: «Lo corregía, era un diálogo fluido en lo que a mi me parecía que podía hacer, que podía sumar. Hoy hablamos, poco y nada de fútbol, miro sus partidos».

Si bien en algunos de sus equipos le costó, el mediocampista supo ganarse a la gente en donde jugó: «Soy una persona agradecida, trato de dar lo mejor en cada club, después me puede salir o no. En Estudiantes hubo momentos donde no la pasé bien por la crítica recibida, pero uno se va acostumbrando, aunque a veces hieren bastante porque somos seres humanos».

Su fanatismo por el Gallo: «Morón es mi casa, va a ser mi club, más allá de lo que he vivido y me han tratado. No me va a cambiar a mí el sentimiento, el amor que le tengo».

Ante la pregunta de un retorno a futuro, afirmó: «Es difícil, si sigue la misma gente que lo maneja. De Morón, soy solamente hincha y la gente me quiere porque yo nombro al club, por mi carrera, y no por lo que hice ahí. Mi hermano es ídolo, pero él lo es porque logró un ascenso».

“Es difícil que vuelva a Morón si sigue la misma gente que lo maneja

Su arribo al equipo de zona Oeste, cuanto influyó su hermano: «Se venía hablando con los dirigentes, allegados, tenía contrato con Lanús todavía. Yo me sentía a pleno, no me había puesto fecha de caducidad. Empezó a aparecer Morón, se mostraba bien de afuera, como que estaba creciendo. Mi hermano me dijo estamos mejor acá. Tuve varias reuniones antes de decir que si, la primera y la segunda no fueron para cerrar algo, sino para saber cual era el interés de Morón. Me habían hecho un contrato de tres años, que no lo pedí yo, me lo ofrecieron para que vea que era un proyecto, que cumpla el sueño de jugar con mi hermano. Él insistía bastante, por eso lo sufrió mucho, se echaba la culpa de lo sucedido».

El futbolista de 37 años, expresó lo que sintió la familia al verlo disputar algunos encuentros junto a Nicolás: «El sueño de jugar juntos lo pudimos cumplir. Sacarnos una foto con la misma camiseta, en un campeonato, algo positivo nos queda. Imagináte la familia, la alegría seguramente, de tener dos hijos que jueguen al fútbol y juntos, para ellos habrá sido lindo».

El ex Lanús admitió que tuvo opciones para volver al exterior y que, además de San Lorenzo, lo buscaron otros dos grandes: «Antes de pasar a Estudiantes, Boca fue la opción más cerca que tuve. Después fue mucho de palabra, Racing cuando sali campeón en el primer año con Lanús. Yo quise quedarme, era mi prioridad, porque jugabámos cosas importantes. Aparecieron la U. de Chile y Nacional de Uruguay, cuando me fui de Morón».

El director técnico que más marcó su carrera: «Tuve varios entrenadores, muchos te dejan algo. Jorge Almirón para mí es el mejor, con el que me sentí mas cómodo, seguí aprendiendo cosas con 33 años. Da la casualidad que logré lo que uno sueña cuando es jugador, salir campeón».

Martínez, contó que hizo con su primer sueldo: «Yo siempre lo cuento, ganaba 370 pesos. Me compré las zapatillas más caras, valían 100 en ese tiempo. Mi plata más grande, que fue cuando me tocó irme afuera, un porcentaje fue para comprarle una casa a mis viejos. Era lo que tenía en la cabeza y peleaba por eso».

La vida del jugador de fútbol: «Cada uno tiene su vida. Yo tuve la suerte que nunca me faltó un plato de comida, mi papá trabajaba, mi mamá era ama de casa, uno la pelea. Envidio, sanamente, a los chicos que vienen de provincias a quedar en una pensión. Ellos no saben que va a pasar, no te dicen que a los 17 vas a firmar contrato. Es una lotería».